El Tío llegó a la capital, un día sábado por la mañana.
Venia como aventado con onda desde la Sierra de Las Minas. Se miraba todo avispado.
Sus acompañantes eran la inocencia rural y un nutrido caudal de palabrotas. Ni bien bajó de la camioneta canastera “Las Rutas Orientales”, y de topadita un tipo bien vestido, encorbatado y con un maletín en la mano, le dijo:
Don, ¿Uste quiere ser Tetigo de Jehová?,
¡ Aaah puuuta ¡, NO ME CHINGUE COMPA, si yo ni siquiera el accidente vi.
Eso le contesto el Tío ya bien encabronado, y con la misma se alejó de prisa y desconfiado.
Por la noche el Tío Nayo se hospedó en la casa del primo Félix. Un primo con su amplio repertorio de mañas urbanas y con tal de quedar bien con el Tio Nayo, le dice:
Tío, hoy lo invito a una fiesta de 15 años.
-Aah, no vos, pues eso si que no se va poder. Eso me parece muucho tiempo. Yo lo mas que te puedo acompañar es un par de días, pero 15 años no.
-Ah, lo entiendo Tío, -le dice el primo- entonces mejor lo invito a jugar Tenis.
–Pues fijate que tampoco a eso te voy acompañar, porque afigurate que yo a ese juego no le atino. Fijate que cuando yo estaba chiquito solo jugaba Mocasinas, Sandalias o Chancletas. Bien me acuerdo que las llenaba de piedritas y las jugaba afigurandome carritos. Pero, ¿tenis?, eso, si que no.
El Tío Nayo iba mojado a los USA.
Al siguiente día tempranito, se fue al aeropuerto para tomar el avión rumbo el estado de Texas. En el aeropuerto La Aurora, una señorita bien vestida, de tacones y con cinturita de avispa, se le acerca al Tío Nayo y le pregunta:
Don Nayo, ¿Primera o segunda clase?,
-Ah dio, ¿y diai que pasa aquí?, ¿si yo ni siquiera lapicero traje pa´recibir clases, señito?.
Finalmente el Tio se fue en avión en vuelo directo a Texas, y cuando llegó a aquel extraño aeropuerto, la aeromoza que le dio la bienvenida, le dice:
-Bienvenido Don Nayo, ¿Usted viene a Dalas?
-Pueees no, pero como hay que comer, que le vamos hacer.
Venia como aventado con onda desde la Sierra de Las Minas. Se miraba todo avispado.
Sus acompañantes eran la inocencia rural y un nutrido caudal de palabrotas. Ni bien bajó de la camioneta canastera “Las Rutas Orientales”, y de topadita un tipo bien vestido, encorbatado y con un maletín en la mano, le dijo:
Don, ¿Uste quiere ser Tetigo de Jehová?,
¡ Aaah puuuta ¡, NO ME CHINGUE COMPA, si yo ni siquiera el accidente vi.
Eso le contesto el Tío ya bien encabronado, y con la misma se alejó de prisa y desconfiado.
Por la noche el Tío Nayo se hospedó en la casa del primo Félix. Un primo con su amplio repertorio de mañas urbanas y con tal de quedar bien con el Tio Nayo, le dice:
Tío, hoy lo invito a una fiesta de 15 años.
-Aah, no vos, pues eso si que no se va poder. Eso me parece muucho tiempo. Yo lo mas que te puedo acompañar es un par de días, pero 15 años no.
-Ah, lo entiendo Tío, -le dice el primo- entonces mejor lo invito a jugar Tenis.
–Pues fijate que tampoco a eso te voy acompañar, porque afigurate que yo a ese juego no le atino. Fijate que cuando yo estaba chiquito solo jugaba Mocasinas, Sandalias o Chancletas. Bien me acuerdo que las llenaba de piedritas y las jugaba afigurandome carritos. Pero, ¿tenis?, eso, si que no.
El Tío Nayo iba mojado a los USA.
Al siguiente día tempranito, se fue al aeropuerto para tomar el avión rumbo el estado de Texas. En el aeropuerto La Aurora, una señorita bien vestida, de tacones y con cinturita de avispa, se le acerca al Tío Nayo y le pregunta:
Don Nayo, ¿Primera o segunda clase?,
-Ah dio, ¿y diai que pasa aquí?, ¿si yo ni siquiera lapicero traje pa´recibir clases, señito?.
Finalmente el Tio se fue en avión en vuelo directo a Texas, y cuando llegó a aquel extraño aeropuerto, la aeromoza que le dio la bienvenida, le dice:
-Bienvenido Don Nayo, ¿Usted viene a Dalas?
-Pueees no, pero como hay que comer, que le vamos hacer.

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